alimentación y placer

Alimentación y placer

Una alimentación saludable nos proporciona placer, sin necesidad de recurrir a preparaciones complicadas ni a los atracones.

La creencia que asocia el placer con los excesos, es una creencia equivocada, puesto que basa el placer con la saturación de los sentidos. En realidad, cuanto mayor sea el estímulo, más estimulación necesitarán los sentidos para producir placer. Por tanto, una alimentación saludable estará ligada al placer, ya que no implica prohibiciones estrictas ni un régimen de ingestas insulso.

El criterio sobre los gustos alimentarios es una cuestión cultural, y por tanto, aprendido, por lo que debemos aprender a cambiar de hábitos para lograr una alimentación saludable, revalorizando alimentos que no apreciábamos hasta ahora.

Esta modificación de los hábitos alimentarios nos permite prevenir enfermedades como: la ateroesclerosis, el colesterol, la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares, etc. Simplemente debemos seleccionar los alimentos que son placenteros y saludables.

Una alimentación sana no equivale a privaciones, en realidad, se debe comer variado y elegir el alimento y el momento adecuado para comerlo, también las cantidades deben medirse y la manera de presentarlo. Es necesario conocer las necesidades del organismo y las posibilidades que ofrece la alimentación equilibrada.

Un aspecto importante para la correcta alimentación es que se necesita disponer de tiempo para cocinar y degustar la comida. El cuerpo humano requiere de una dieta pobre en grasas, moderado en proteínas, muy pobre en azúcares y rica en fibras y carbohidratos.

El hombre primitivo observaba estos requerimientos y por tanto se alimentaba correctamente. La cultura y el ritmo de vida actuales han modificado la dieta agregando grasas y ácidos grasos saturados, disminuyendo la ingesta de fibra, a la vez que aumentó la de sodio y azúcares. También bajó el consumo de micronutrientes y carbohidratos complejos.

Pautas para una alimentación placentera:

Una forma de recomponer el balance es aprendiendo a elegir los alimentos y las combinaciones más saludables y seguir un esquema orientativo:

  • Cereales integrales- entre 6 y 11 porciones
  • Hortalizas – entre 3 y 5 porciones
  • Frutas – entre 2 y 4 porciones
  • Proteínas vegetales y animales – entre 2 y 3 porciones (con un mayor consumo de pescado en relación con las otras carnes)
  • Lácteos – entre 2 y 3 porciones
  • Aceites, grasas, azúcares y harinas – una porción ínfima

Pero debe considerarse que cada organismo es diferente y es necesario atender a sus señales.

Entre los riesgos de una mala alimentación están la obesidad, la desnutrición, la bulimia, la anorexia, entre otros.

La desnutrición aparece generalmente como consecuencia de los problemas sociales, pero la obesidad está ligada a los malos hábitos de consumo y no está necesariamente ligada a la opulencia, sino a los desbalances en la dieta.

Dentro de los malos hábitos se encuentra la ingesta de comida chatarra (grasas, azúcares, harinas, frituras, etc), el consumo excesivo de alimentos.

La bulimia y la anorexia encierran otra problemática de carácter emocional y social.

Los hábitos saludables deben aprenderse desde la niñez y en el hogar, donde se debe otorgar un sitio de importancia al momento de la comida atendiendo a su carácter de necesidad biológica, social y afectiva. El ideal sería realizar una pausa en las actividades para cada comida, y hacerlas en compañía, pero cuando esto no es posible, debemos elegir una comida en el día que esté dedicada a este propósito, convirtiendo así a la comida en un momento de placer y de salud.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *